Los Sordos son otro cosmos

Los Sordos son muy interesantes y los oyentes nos los estamos perdiend

Guillermo Sánchez

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La mayoría de las ciudades de nuestro país no están adaptadas para personas que usan silla de ruedas, no hay rampas, las banquetas son estrechas o están llenas de baches o saturadas con cualquier tipo de obstáculos, no se respetan sus espacios de estacionamiento o se invaden las pocas vías de tránsito con que cuentan. Por otro lado, casi en ninguna parte encontramos accesos adecuados para quienes no pueden ver; si bien, en algunos lugares encontramos esas “plaquitas con puntitos”, muchas veces están obstaculizadas con un bote de basura o una silla que les impiden así, a las personas con bastón, puedan darse cuenta de que en la pared existe información adecuada; en algunos lugares no se les permite entrar a  lugares públicos con sus “mascotas” quienes en realidad son sus ojos. No se puede negar que se está trabajando para ello, tal vez no como realmente se necesita, pero podemos decir conformistamente que “algo es algo”. Sin embargo, nunca, recalco, nunca pensamos en lo que requieren las personas que no pueden escuchar.

Por lo normal, cuando se observa a una persona Sorda, no hay nada significativo que nos indique que es alguien con necesidades diferentes (diferentes, no especiales), a menos que veamos que use alguna curveta (amplificador de sonido) que bien se puede confundir con un moderno “manos libres” para hablar por teléfono o escuchar música; de ahí en más, no hay algún distintivo o algo que nos señale que necesita algo especial para que puedan circular libremente por las calles, claro, porque NO LO NECESITAN, pero eso no es motivo para creer que no requieren de algunos detalles para comunicarse de la misma forma en que lo hacemos la mayoría de los habitantes de cualquier ciudad.

Personalmente puedo decir que no conocía nada acerca de personas Sordas, nunca tuve contacto con nadie que no pudiera oír. Fue por eso que, al toparme con esta comunidad, me di cuenta que, por desconocimiento (ignorancia en su máxima expresión), por desinterés y por falta de civilidad, muchas veces fui descortés y tal vez los traté de mala manera.

Yo pensaba, como la mayoría de la gente oyente, que por el hecho de ser Sordos pueden leer los labios cuando uno habla; creía que, al no escuchar lo que yo podía decir, entonces podría leer lo que yo le escribiera en un papelito mugroso que sacara de mi cartera; imaginaba que su forma de comunicación, esa de hablar con las manos, era lo mismo que hablar español pero con los dedos en lugar de usar la lengua y los sonidos; era fácil pensar que si tenía que interactuar con un sordo, lo primero que iba a hacer era hablar más fuerte (gritar, en pocas palabras), abriendo mi boca lo más que pudiera y muy pausadamente, así como si estuviera hablando en “cámara lenta”. Absurdo totalmente.

Me he enterado al paso del tiempo, que no todos los Sordos pueden leer los labios, que para ello necesitan gran cantidad de tiempo y dedicación en terapias de lenguaje; también, he aprendido lo complicado que es para ellos la comunicación por medio del español, en forma oral o escrita, y su aprendizaje como tal; he entendido que la Lengua de Señas no es español con las manos, que es una lengua con estructura gramatical propia y que es la forma idónea en la que los Sordos pueden comunicarse.

Qué equivocados estamos al llamarlos “sordomudos”, esta es la principal señal de nuestra gran ignorancia de la que hablaba anteriormente. Son Sordos, sí, pero no mudos pues la capacidad de hablar existe, simplemente al no saber que pueden emitir sonidos no lo hacen; al verlos comportarse de una manera en la que no estamos acostumbrados, es fácil emitir prejuicios irresponsables e irrespetuosos y creer que son “retrasados” o que tienen problemas mentales, sin detenernos a pensar que las dificultades en la adquisición de lenguaje los lleva a tener aprendizajes solamente en forma más lenta. Son tan inteligentes como cualquier oyente, pueden aprender, proyectar y realizar cualquier actividad sin ninguna diferencia.

No nos damos cuenta que es muy fácil inconscientemente discriminarlos, un ejemplo de ello son los juegos olímpicos y paraolímpicos que se realizan cada cuatro años en el mundo ¿alguien ha visto en cuáles participan los Sordos? pues en NINGUNO de los dos eventos, ¿por qué? muy fácil, en los olímpicos no pueden participar porque son “discapacitados” y en los paraolímpicos tampoco porque, al no tener ningún impedimento físico o mental, ganarían todas las medallas con singular ventaja. Autoridades mundiales aseguran que no es discriminación, pero es lógico preguntarse qué será entonces. Lo bueno es que, tengo entendido, hay unos juegos olímpicos exclusivamente para Sordos organizados por ellos mismos, con lo que demuestran que pueden y hacen lo que cualquier oyente sin dificultades, por ello pienso que es ahí donde la inclusión debe ser real y no tan sólo nombrada como en todas las instancias gubernamentales actualmente.

La mayoría de los oyentes no tenemos idea de lo que nos perdemos cuando no interactuamos con personas Sordas. Son amables, son alegres y son divertidos. Los Sordos son otro cosmos. Una anécdota que me hace reír cada que la recuerdo, fue lo que me sucedió la primera vez que conviví con un grupo de Sordos, entre ellos estaba un personaje muy simpático, se llamaba Raúl, era un hombre de la tercera edad, jovial y muy extrovertido. Él estaba platicando en lengua de señas con un grupo de Sordos, yo me encontraba detrás dándole la espalda a todo el grupo; de pronto, sentí un pisotón en el talón y un codazo en la espalda, ambos volteamos al mismo tiempo por la sorpresa de haber chocado por detrás, en seguida, Raúl cerro su puño derecho pero levantando los dos dedos al extremo de la mano (el pulgar y el meñique, como haciendo “cuernitos”) y la puso a la altura de su barbilla. Yo pensé que se había molestado y me estaba diciendo algo no muy agradable. Obviamente no le contesté nada, no sabía cómo y aunque supiera no atinaría a decirle cualquier cosa. Fui a preguntarle a quien me había invitado, una persona oyente, lo que significaba aquella seña iracunda, la carcajada me hizo pensar que, incluso, era una burla lo que aquél hombre me había dicho, pero no, eso, en Lengua de Señas Mexicana, quiere decir “perdón”. Sí, el bonachón de Raúl sólo se disculpó.

Cosas como esa y muchas otras, pasa entre Sordos y oyentes. Sería bueno que en las escuelas, desde la educación básica hasta el nivel superior, así como el idioma inglés, el francés o el alemán, también se incluyera aprender Lengua de Señas Mexicana.

 

¡Vale!


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